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EL
ARTE DEL SEXO ORAL
El
ser humano siempre anda en busca de placer.
Podemos percibirlo a través de todos nuestros
sentidos y en diversas situaciones, como por
ejemplo saboreando una comida deliciosa, viendo
un bello paisaje, sintiendo la lluvia, en fin,
el placer una sensación agradable,
de bienestar, de felicidad. Nuestro
cuerpo también es una fuente de placer. Ese
placer tiende a aumentar a medida que lo
conocemos mejor.
A
través de la historia siempre se ha practicado
y disfrutado del Sexo Oral de generación en
generación. Nuestros antepasados, aunque lo
practicaban consideraban que era algo antiestético,
antihigiénico, inmoral y pecaminoso. Hoy día
estos conceptos siguen vigentes; es una realidad
y sin embargo lastimosamente hay que reconocer
que un alto índice de personas, por no decir la
mayoría, no conocen, ni disfrutan de lo que
realmente significa el Sexo Oral.
El
placer sexual no debe de limitarse solamente al
pene, en el hombre y al clítoris, en la mujer.
La geografía corporal está plagada de puntos
que despiertan sensaciones voluptuosas con tan sólo
acariciarlos. La cara interna de la piel humana
está tachonada de conglomerados celulares que
se denominan corpúsculos que son receptores
hipersensibles al placer.
El
cuerpo humano es un mundo de sensaciones y,
por lo tanto, se debe incluir todo en
cuanto de juegos amorosos se trata y así poder
descubrir las zonas más sensibles a un beso,
una caricia o al simple roce de la punta de la
lengua. La piel humana es un inmenso órgano
sensorial que, desde el punto de vista
evolutivo, ha perdido prácticamente todo el
pelo para aumentar notoriamente la sensibilidad,
tanto a los toques fuertes, como a los sutiles.
La
exquisita sensibilidad de la envoltura corporal
viene determinada por más de 80.000 nervios
ultrasensibles y los 65.000 algo menos
perceptibles que se conectan con las capas
internas de la piel. Estos puntos están
distribuidos por todo el cuerpo y se concentran
en las llamadas zonas erógenas las cuales son
áreas o porciones de piel con gran receptividad
sensitiva, que se activan al tacto de la lengua
y envían mensajes sensuales en forma de
impulsos eléctricos al sistema límbico, la
sede central de las emociones y el sexo. A
partir de ese instante, una serie de cascadas en
reacciones químicas culminan con la excitación
sexual. Las zonas erógenas son las que tenemos
que descubrir y cultivar, una vez que esto
ocurre basta con el solo roce para que se
activen.
Carlos Alvarado
lamadre@costarricense.com
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