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LECTURA DE UNA CHIQUIPUTIS
Ponzoña Viborel

Si, si, si chuladas. La misma Ponzoña que escribió 
aquello de “99 Consejos para ser Divina”. Pero no sean
confianzudas, todas las descalzas me deben llamar Sra.
Vivorel. No saben lo que me divertía en las fiestas
oyendo a diestra y siniestra hablar de mi humilde
pluma. Ya en mi próxima publicación les daré una
dirección de E-mail para que me envíen sus comentarios
y sugerencias para mis escritos. En fin, heme aquí
“divine and glorious” escribiéndoles de nuevo sobre
las características tan peculiares de nuestra
comunidad gay. Porfis porfis todo esto es una
jocosidad para divertirnos y no para ofender a nadie.

Resulta que actualm
ente hay varias generaciones de gente gay conviviendo en los antros (los pocos que hay pues) ya que los empresarios no nos disponen con
ambientes ni días apropiados en las discos para que los más entraditos en años estemos oyendo música ochentera y platicandito aparte de las niñas que se
encaraman a bailar en cuanta pestaña haya en los muros. Un día de estos estas muchachitas se van a descalabrar y nos van a caer a todos encima! Pero
bueno, ese será tema de otra historia.

El resultado de este “mélange” tan interesante es que tenemos señoras cuarentonas y cincuentonas bailando y brincando (no tan estéticamente como sería apropiado
de cualquier hombre que merezca el privilegio de llamarse gay) en medio de las niñas bachilleras con sus blusitas apretadas. Y de ni mencionar a las treintañeras rabo verde deambulando por los antros desubicadas porque ni está tan vieja para para irse
con sus madrinas, tías, madres y hasta abuelas postizas de cuarenta para arriba pero que ya no conoce a ese montón de muchachitas que parecen reproducirse
geométricamente como gremlins: al cuarto oscuro entran cinco y salen veinticinco!!

Pero entre toda esa masa sudosa de gente gay brincando y doblando “Arrasando” (por favor muchis: quien tiene tiempo para aprenderse la ininteligible letra de esa
canción?) las que si sobresalen por estar cortaditas con la misma tijera son las infaltables, infalibles, omnipresentes, divas de la licra, la gelatina y el
Maybeline, siempre sonrientes y aeróbicas: chiquiputis.

Pero qué es una chiquiputis? Porqué ese término? De dónde surgió? Quienes son las chiquiputis? Calma, calma, calma. El término no es peyorativo. Es decir
(para las menos letradas): no es un insulto ni un desprecio ni tiene una connotación de desdén. Es solo un nombre para agrupar a todas estas amigas gay.

Procedamos a describirlas.

Las chiquiputis son esa generación nueva de niños gay que abarrotaron las discotecas y los bares gay de la Nueva Guatemala de la Asunción  a mediados de los
noventa siendo ellos menores de veinte años y viniendo de clase media o media alta. Ellos observaron sin ningún asombro la transición de discotecas desde la
zona cuatro hasta el centro de la ciudad sin ningun arrebato ya que para ellos no significó la zona cuatro el centro de su vida social gay de juventud.

La mayoría de ellos no conocieron la llegada del SIDA a su vida cambiándoles todo su esquema de conducta sexual: ellos ya empezaron a tener sexo con la
publicidad del sexo seguro por todos lados. La música ochentera (gloriosa, the best pop!) con excepción de Madonna, les suena antiquísima y súper kitch.
Desconocen el impacto de Candy, Candy en la formación de la psique del gay chapín y jamás jamás jamás jamás tuvieron el privilegio de doblarse de la risa al ver
locas vestidas caerse de las gradas de aquel antro que se llamaba Kashé.

Las primera novela que vieron completa fue probablemente Quinceañera. Ni hablarles de Los Ricos También Lloran, no se la pueden. La primer canción de
Cher que oyeron fue Believe. De Timbiriche ni hablarles . . . El primer video de Madona que les llamó la atención fue Vogue. Creen que la ropa de los setentas es chic y toda su vida ha existido MTV. Ni se imaginan lo que significa Dinastía en nuestras vidas:
Horror !!

No conocieron a la diva de divas: Brigitte (los ángeles se han de estar matando de la risa con tus ocurrencias querida, los envidio). Jamás se deleitaron
viendo el show de Bananarama de la Mario Filippi (no ha habido loca vestida más bella en este país). La Cynthia se fue para España cuando ellas todavía estaban finalizando la primaria. No conocieron a José Moreno (Cangreja o Blanca Nieves) cuando era machito y trabado. Todavía jugaban Barbies en su casa cuando remodelaron Pandora’s la última vez y todos los que íbamos salíamos con el culo manchado de cemento.
Alguien se recuerda de la inundación de Pandora’s una noche de lluvia fortísima? Para ellas solo han existido la Stacey, la Débora y la Kelly: la Gina es como un fósil andante que sobrevivió la hecatombe de los ochentas mediante varias cirugías plásticas.

Pero dejemos el análisis histórico, antropológico y sociológico y seamos más locas. Las chiquiputis son todas esas patojitas que tienen solo algunos años en
el ambiente gay (no vale enclosetadas) y que abarrotan las discotecas en mara todos o casi todos los fines de semana. Al principio entran tímidas, medio machillas,
pero luego de unos dos o tres meses saludan de besito doble a la Mística y a otras chiquiputis madres. Todas andan con peinaditos de moda, bien vestiditas (o al
menos algunas les gusta creerlo), camisitas apretadas y casi ninguna ha tenido una pareja estable por más de un año. Son su mayoría imberbes de risa fácil y
SIEMPRE andan en mara. No se vale ser chiquiputis aislada. Tenés que conocer y departir con tus congéneres. Es como un club social.

Les encanta encaramarse en cuanta baranda, pestaña, relieve o irregularidad de las paredes a bailar como si dieran show. Me cuentan las lenguas viperinas que
hasta una sordo-mudita hay que se para en la baranda de la discoteca de los mil nombres y que siente el ritmo de la música por vibración de su masa corporal.
Eso tiene que ser chambre!

Las chiquiputis se saben todas las canciones de la Thalía y de la Mónica Naranjo (hasta esa horrible última que sacó la mujer !) y las cantan a grito pelado en los antros. Las chiquiputis van a todas las fiestas gay a que las inviten y no tienen reparo en
aparecerse en fiestas cuadradas vestidas como si fueran a convención gay en San Francisco. Las chiquiputis son más desenfadadas respecto a su
condidición de gays del nuevo milenio. Son más agresivos sexualmente y mucho menos trabados que nosotros, sus correligionarios treintañeros. Muchos
son openly gay en sus casas y en sus trabajos. Eso me gusta de estos patojos.

Muchos chiquiputis son nuestros amigos, nuestros compañeros de parranda, nuestros sobrinos, primos y hasta . . . nuestras parejas. Muéeeranse. Cuando la
chiquiputis se decide a tener una pareja estable y la encuentra . . . regularmente no es una niña de su grupúsculo. Es un muchacho treintañero, independiente
pero todavía presentable en su grupo chiquiputesco. Amigazos míos tienen una tendencia casi obsesiva por chiquiputis. Aunque algunos se limitan a observarlas.

Las chiquiputis mantienen tertulias vespertinas interminables en los centros comerciales del sur de la ciudad. Los Próceres es como la meca de estos patojos.
Allí abarrotan McDonald’s  y los baños. La Mística es su madrina . . . es como la designada tácitamente para darles la bienvenida mientras los ilustra y guía en el
árduo camino del conecte de centro comercial. Mística please: al menos cobrá por ser edecana de Corea Center o El Pueblito en estas navidades!.

La Mística es un claro ejemplo de chiquiputis, así mismo la Macorra y la Xuxa. También lo son las chicas Coyote Ugly (temporales bar tenders ad honorem en la
disca de los mil nombres). También la Faruza y todas las que salen haciendo coreografías con las vestidas.

Todas las que estudian recientementeo por Ciencias de la Comunicación de la San Carlos, la Mariano y la Landívar son chiquiputis. Las amigas de la Débora
también son chiquiputis. Aunque algunas ya no califican por su edad claro está. Por supuesto, este listado es solo una ilustración gráfica para que nos demos una idea pero la lista sería interminable.

El término surgió hace un par de años en contraposición a las veteranas del ambiente. Fuimos los veteranos del ambiente quienes lo creamos y entre broma y broma lo fuimos acuñando. Nosotros que observamos como ya no somos los más parranderos de antes y vimos surgir a las chiquiputis de la nada.

Nosotros que probablemente fuimos alguna versión de chiquiputis en el milenio pasado. El término es ampliamente conocido en El Salvador y en Guatemala donde las comunidades gay tienen una dinámica social muy parecida.

Así que chicos: no teman usar el término, incluso para ustedes mismos. O usted jovencito que empieza a explorar esas curiosidades sexuales ante chavos de su
mismo sexo y se mantiene horas en gayguatemala.com intercambiando y contestando anuncios: prepárese. Usted también puede llegar a ser una chiquiputis. Pero
no lo lamente, hay una comunidad amigable, alegre y muy divertida que le espera con los brazos  . . . y las piernas . . . abiertas. Saludos y prepárense para
mis vivoradas literarias del próximo año.

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