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Dotado como un burro
Por: Simon Sheppard
Para: La red Gay.com (U.K.)

Hay un chiste viejo que dice: “Hay dos tipos de gays: las reinas del tamaño y los mentirosos.

Por supuesto, eso no es verdad: muchos tipos prefieren hombres con dotaciones promedio o pequeñas. Sin embargo, podemos decir que hay dos tipos de personas que dicen que la tienen grande: por un lado están los mentirosos y por el otro, los que realmente merecerían entrar en el libro Guinness de los records. Ahora, la pregunta del millón: ¿la obsesión o amor por el tamaño es algo codicioso y superficial? Un “buscador de tamaño” dice que no: “Es simple: me gustan los pedazos de carne bien grandes, mientras más gruesos mejor. Es una maravilla de la naturaleza, como el Gran Cañón.”

Surge de ahí la pregunta de qué hacer verdaderamente con ese tipo que se distingue entre mil por tener más de 25 centímetros. Con relajación y práctica, hasta los menos dotados entre los poco dotados pueden mejorar. Aun así, suele asumirse habitualmente que lo mas grande es realmente mejor: ¿de qué otra manera podemos explicar el aluvión de ofertas de métodos para alargar el pene que inunda nuestras cuentas de e-mail? Aunque parezca irracional, la mayoría de los hombres gay –los menos dotados entre nosotros- no podemos evitar el sentir envidia ante los afortunados parientes del burro. Es cierto: esos centímetros extra no garantizan una super-masculinidad: hay muchos hombres muy femeninos que sorprenden con todo lo que tienen para ofrecer. Sea como fuere, la cuestión es que cuando ves un hombre que bien podría ser un caballo, abandonas el raciocinio para entregarte al más puro deseo.. Grueso, lleno de venitas y realmente grande, ¿quién despreciaría un jugueteo con algo así?

¿Qué sucede con los que tienen que ir por la vida con semejantes dotaciones? El fallecido actor porno Scott O’Hara, conocido por ser el poseedor del pene más grande de San Francisco, no la pasó tan bien en vida: solía quejarse de que muchos hombres, al ver su enormísimo pene (y era enorme en serio, créanme), no lo dejaban actuar como el pasivo que era. Aun así se las arregló para construir una carrera basada en su talento de auto-chuparse un pedazo que empezaba donde terminan los de los demás.

El de Jonah Falcon es más grande todavía: Jonah tiene un pedazo realmente gigantesco de una longitud documentada de (siéntate bien): 33 centímetros. “Es más largo que mi antebrazo y más ancho que mi muñeca.” De alguna manera se las ha arreglado para vivir con esta bendición y lidiar con sus admiradores. “Me divierte que me acaricien el ego de vez en cuando. Me gustan los comentarios maravillados del otro durante el sexo, siempre y cuando sean sinceros, pero no me divierte que me digan cosas fuera de lugar, en otros contextos.”

Obviamente, todos nosotros queremos atraer al resto por nuestra personalidad y no porque portemos un pene digno de museo. ¿Cómo hace Jonah para lidiar con los tipos que en realidad sólo van en busca de sus centímetros? “Muchos no quieren que yo los coja, así que trato de elegir tipos que se enganchan con mi tamaño y con el resto también: me gusta que también me quieran.” Y quizá eso sea lo más importante de todo. Seguro, está bien ser cosificado de vez en cuando, pero tenerla grande no es un logro sino un don genético. En nuestra cultura de “más grande es mejor”, en la que todos competimos por tener una camioneta más grande que la del vecino y pedimos hamburguesas triples para sentirnos satisfechos, un tipo dotado nos sorprende terriblemente. Pero puede ser que, para los poseedores de semejante mérito, la bendición no sea tal (piensa, por ejemplo, lo difícil que debe ser conseguir un slip que te quede bien).

Y, en lo que respecta al resto de nosotros –los menos dotados-, tenemos que asimilar lo poco que tenemos. Como dice el viejo refrán, “no cuenta la carne, sino el movimiento.”

 

 

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