|
|
Hay un chiste
viejo que dice: “Hay dos tipos de gays: las
reinas del tamaño y los mentirosos.
Por supuesto, eso no es verdad: muchos tipos
prefieren hombres con dotaciones promedio o
pequeñas. Sin embargo, podemos decir que hay
dos tipos de personas que dicen que la tienen
grande: por un lado están los mentirosos y
por el otro, los que realmente merecerían
entrar en el libro Guinness de los records.
Ahora, la pregunta del millón: ¿la obsesión
o amor por el tamaño es algo codicioso y
superficial? Un “buscador de tamaño” dice
que no: “Es simple: me gustan los pedazos de
carne bien grandes, mientras más gruesos
mejor. Es una maravilla de la naturaleza, como
el Gran Cañón.”
Surge de ahí la pregunta de qué hacer
verdaderamente con ese tipo que se distingue
entre mil por tener más de 25 centímetros.
Con relajación y práctica, hasta los menos
dotados entre los poco dotados pueden mejorar.
Aun así, suele asumirse habitualmente que lo
mas grande es realmente mejor: ¿de qué otra
manera podemos explicar el aluvión de ofertas
de métodos para alargar el pene que inunda
nuestras cuentas de e-mail? Aunque parezca
irracional, la mayoría de los hombres gay
–los menos dotados entre nosotros- no
podemos evitar el sentir envidia ante los
afortunados parientes del burro. Es cierto:
esos centímetros extra no garantizan una
super-masculinidad: hay muchos hombres muy
femeninos que sorprenden con todo lo que
tienen para ofrecer. Sea como fuere, la cuestión
es que cuando ves un hombre que bien podría
ser un caballo, abandonas el raciocinio para
entregarte al más puro deseo.. Grueso, lleno
de venitas y realmente grande, ¿quién
despreciaría un jugueteo con algo así?
¿Qué sucede con los que tienen que ir por la
vida con semejantes dotaciones? El fallecido
actor porno Scott O’Hara, conocido por ser
el poseedor del pene más grande de San
Francisco, no la pasó tan bien en vida: solía
quejarse de que muchos hombres, al ver su
enormísimo pene (y era enorme en serio, créanme),
no lo dejaban actuar como el pasivo que era.
Aun así se las arregló para construir una
carrera basada en su talento de auto-chuparse
un pedazo que empezaba donde terminan los de
los demás.
El de Jonah Falcon es más grande todavía:
Jonah tiene un pedazo realmente gigantesco de
una longitud documentada de (siéntate bien):
33 centímetros. “Es más largo que mi
antebrazo y más ancho que mi muñeca.” De
alguna manera se las ha arreglado para vivir
con esta bendición y lidiar con sus
admiradores. “Me divierte que me acaricien
el ego de vez en cuando. Me gustan los
comentarios maravillados del otro durante el
sexo, siempre y cuando sean sinceros, pero no
me divierte que me digan cosas fuera de lugar,
en otros contextos.”
Obviamente, todos nosotros queremos atraer al
resto por nuestra personalidad y no porque
portemos un pene digno de museo. ¿Cómo hace
Jonah para lidiar con los tipos que en
realidad sólo van en busca de sus centímetros?
“Muchos no quieren que yo los coja, así que
trato de elegir tipos que se enganchan con mi
tamaño y con el resto también: me gusta que
también me quieran.” Y quizá eso sea lo más
importante de todo. Seguro, está bien ser
cosificado de vez en cuando, pero tenerla
grande no es un logro sino un don genético.
En nuestra cultura de “más grande es
mejor”, en la que todos competimos por tener
una camioneta más grande que la del vecino y
pedimos hamburguesas triples para sentirnos
satisfechos, un tipo dotado nos sorprende
terriblemente. Pero puede ser que, para los
poseedores de semejante mérito, la bendición
no sea tal (piensa, por ejemplo, lo difícil
que debe ser conseguir un slip que te quede
bien).
Y, en lo que respecta al resto de nosotros
–los menos dotados-, tenemos que asimilar lo
poco que tenemos. Como dice el viejo refrán,
“no cuenta la carne, sino el movimiento.”
|
|
|
|
©
2005 GayGuatemala.com Todos los derechos reservados.
Queda prohibida la reproducción total o parcial sin la
autorización expresa y por escrito de GayGuatemala
|
|
|