Lun24092018

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Familias homoparentales


En el año 2005, España daba un salto importante en el avance hacia la libertad de las personas por el reconocimiento concreto que se hacía en el derecho a no ser discriminadas por orientación sexual. La razón estaba en que nos encontramos en el tercer país del mundo, tras Holanda y Bélgica, que reconocía el matrimonio entre dos personas del mismo sexo. Este reconocimiento, cuestionado por los sectores reaccionarios, como siempre sucede, era aceptado por una clara mayoría de la población española, lo que suponía un grado de madurez y un respeto loables a las diferencias.

Posteriormente, secundarían esta aprobación países tan dispares como son Canadá, Sudáfrica, Portugal o Argentina, hasta un total de diez. A ellos habría que sumar que seis jurisdicciones de Estados Unidos lo tienen reconocido, así como la capital de México.

El reconocimiento del matrimonio homosexual implicaba el derecho a la adopción, tal como está establecido para las familias heterosexuales. Y, claro, los de reproducción asistida, de manera similar a cómo estuvieran reconocidos en las leyes de cada país.

Desde entonces, miles de parejas masculinas y femeninas se han acogido a la nueva legislación, de modo que se han configurado nuevas formas de familias, dentro de la diversidad existente, puesto que, por ejemplo, una mujer o un hombre solteros podían acogerse a la adopción, con lo que formarían lo que entendemos por "familias monoparentales".

Así pues, las familias homoparentales son ya una realidad que hay que aceptar y respetar, de manera que los hijos o hijas que tuvieran deben ser acogidos e integrados en la sociedad y la comunidad en las que vivan de modo similar al resto de los niños y niñas.

Los datos cuantitativos de estas nuevas familias son relativamente fáciles de obtener: basta con pinchar en un buscador de Internet para que nos den algunos datos que han aparecido en los medios de comunicación.

Sin embargo, las investigaciones cualitativas son más difíciles de llevar a cabo, pues suponen entrar en el ámbito de la privacidad, hecho que no todo el mundo está dispuesto a permitir, pues es fácil caer en el sensacionalismo, tan habitual en muchos medios de comunicación.

De este modo, hay preguntas que todo el mundo pudiera hacerse ante esta nueva realidad, y lo más habitual es que, sin saber lo que verdaderamente sucede, se responda con los prejuicios establecidos. Por ejemplo, interrogantes del tipo: ¿cómo viven esos niños o niñas en el seno de las familias homoparentales? ¿Desarrollan una vida similar al resto de los otros niños? ¿Sufren algún trauma, tal como preconizan los sectores más reaccionarios de la sociedad o, por el contrario, pueden ser también felices?