Jue22022018

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El movimiento gay guatemalteco –me refiero a sus expresiones organizadas alrededor del eje de “diversidad sexual”– es el que más ha avanzado socialmente, aunque no legalmente.

Y no sé si esa fue la estrategia planteada por las organizaciones civiles por la diversidad sexual, pero el hecho de que cada vez más y más los guatemaltecos sean menos sorprendidos por un hombre o una mujer gay, marca una diferencia cualitativa. Guatemala es una sociedad conservadora, cada vez menos, pero eso no la libra de que sus miembros, “sujetos individuales”, estén expuestos a presenciar el mundo desde aquí y llegar a la conclusión –como ya el movimiento indígena lo había argumentado– que “la diversidad es riqueza”, y debe celebrarse y respetarse, no combatirse y aplastarse.

Por supuesto que en toda sociedad habrá siempre individuos, sea por convicción, por religión o por simple desacuerdo, que alzarán sus voces contra aquellos que no encajen en su “moral”, o en su propósito de encauzar, según ellas y ellos, su visión de cómo debería ser el mundo. Pero el mundo real, el de la evidencia tangible y medible, ES de individuos libres con obligaciones y derechos como cualquier otra persona, y a eso llamamos ciudadanía. Léase, la persona gay no es menos ni más ciudadano, sino que dentro de lo imaginario de la “Nación-Estado” está en igualdad de condiciones.

Todo el debate, como lo hemos expuesto los antropólogos culturales, nace de los estereotipos y de los temores infundados que se alimentan en el desconocimiento de “el otro”. Pero en eso sí hemos avanzado en Guatemala, ya que aunque sea con temor, desconfianza y a veces con condenas a las llamas más candentes del infierno en la mente de alguien, cada día hay más apertura al reconocimiento de un “yo” que no niega a un “otro” –tan real como “yo”–sino que después de moverse entre las extremidades del péndulo radical, empieza a darle chance a la posibilidad de un “medio justo,” no perfecto, sino simplemente mucho más cerca de “lo justo”.

Curioso que en el único punto en el cual “católicos romanos y protestantes evangélicos” están totalmente de acuerdo es en odiar, destruir y borrar de la faz de la tierra a los gais, porque, en una cuasi suplantación de “dios” (con minúscula) ven una rara misión de “limpieza social”, y los gais serían los primeros (Los liderazgos de ambos grupos, y la sociedad guatemalteca jamás deber perder de vista, que exactamente así fue como empezó Hitler). De ahí, interesantes serán las posturas, sobre todo, del “catoli-cismo” romano a partir de un nuevo y revolucionario papado como el actual.

Por supuesto que no se puede perder de vista que el movimiento gay mundial cuestionó, por todos los medios a su alcance, arte, ciencia, filosofía, industria, deportes, comercio, mass media, educación, y más, la misma idea de “familia núcleo-urbana”, y “RE-definió” con gran éxito todas las bases de la conceptualización de “la familia”.

Ya la mayoría de países desarrollados también reconceptualizaron la “familia” a niveles de estructura legal (Dentro de las corrientes religiosas arriba mencionadas, los gais son también una fuerza muy bien camuflada por las jerarquías y los rituales).

Fuente: http://www.s21.com.gt/era-libertaria/2013/12/17/gay