Lun25062018

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Vulnerabilidad: El contexto de los grupos de riesgo


Durante la discusión que tuvimos luego de un discurso que pronuncié para la Comisión Centroamericana al respecto de la situación de las mujeres trans en Centroamérica, me di cuenta, una vez más, de que el contexto social nos hace, a ciertos grupos, particularmente vulnerables a la trata de personas. No reconocer los derechos de las mujeres trans en Centroamérica nos ha convertido en uno de los grupos más marginados y, como resultado, en riesgo de sufrir abusos de todo tipo.

La demanda en el mundo occidental de pornografía trans y de trabajadoras sexuales, así como el turismo sexual, han empeorado la situación. Los famosos términos como "ladyboy" y "shemale", de la industria del sexo, han sido bien posicionados alrededor del mundo y la gente parece aceptarlos con comodidad, y lo más alarmante es que hasta las mujeres trans se han identificado con esos roles.

¿Cómo ha sucedido esto?

Para empezar, las mujeres trans somos expulsadas a una edad muy temprana de nuestro círculo social y familiar (con algunas afortunadas excepciones). Para tener acceso a la educación se nos exige comportarnos de una forma distinta a quienes somos en realidad. Luego, la falta de educación formal es la excusa perfecta para no darnos empleo –porque de todas formas no estarían dispuestos brindarnos una oportunidad-. Para la mayoría no hay otra opción que aprender a sobrevivir con el cuerpo, sin la protección del Estado para tener acceso a entornos sociales con mejores oportunidades para nosotras. Como consecuencia, aprendemos a ser objetos -y eso se convierte en algo normal, llegando a lo más profundo y afectando todos los aspectos de nuestras vidas-. Hasta nuestras relaciones de pareja tienen una espantosa claridad acerca de quién es el jefe. Los novios, los amigos –y a veces hasta en las organizaciones sociales- son quienes nos venden como si fuéramos mercancía, lo que por desgracia es muy rentable. Enfocar la trata de personas únicamente en el trabajo sexual es grave porque, en realidad, es una situación que abarca mucho más que las relaciones sexuales y la prostitución, aunque la cruda realidad se refleje, más evidentemente, en los grupos particularmente afectados por la explotación sexual. Las estrategias, por tanto, deberían de ser mucho más amplias que solo tratar de lidiar con los efectos; pero en Centroamérica no existe decisión para cambiar los contextos de exclusión social de las mujeres trans y podría mencionar a varios responsables como el Estado, las iglesias y la desinformada sociedad, pero más importante es resaltar que las organizaciones sociales pretenden solucionar el problema sólo a través de la legalización del trabajo sexual, o bien, mediante la prevención y tratamiento de infecciones de transmisión sexual.

¿Cómo podemos cambiar la raíz del problema?

Me sigo preguntando ¿dónde están las entidades de desarrollo y los sindicatos que defienden tan románticamente los derechos laborales y la igualdad? ¿Dónde están las feministas que defienden con furia la objetivación de la imagen femenina? Las mujeres trans centroamericanas nos quedamos solas en una sociedad que nos acusa de ser lo que quieren que seamos –Si no nos ignoran, nos critican-, en un mundo que pone atención a cosas aparentemente más importantes.

Quizá nuestro tiempo aún no ha llegado, pero espero que sea pronto porque nuestra dignidad humana continua estando afectada por la negatividad. Se trata de algo que debería ser una preocupación para toda la sociedad y me siento ansiosa por escuchar propuestas, o acaso ¿vamos a seguir sentadas viendo el televisor con la esperanza de que alguien haga los cambios? ¿Estamos listas para hablar y colaborar a tener un mundo mejor, incluso para una comunidad golpeada y marginada? Vamos a empezar un movimiento… al menos, vamos a empezar a hablar.

Por Fernanda Milán. Traducción de Jorge López Sologaistoa

Publicado originalmente en: http://www.talktrafficking.org/wordpress/?p=599

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