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Todos los colores, todos los oidos
De Gloria Gaynor a Paulina Rubio, la música gay se impone

Fecha de publicación: 11/12/2007

Por: Emmanuel Medina

 

En teoría, si existiera un hipotético universo en donde la trasgresión fuera la norma, no deberían existir en él ni dioses, ni ídolos ni modelos: la libertad sería la rígida ley absoluta y por lo tanto, exclamar aquello de: "Te admiro tanto", sería poco menos que una blasfemia y, peor aún, jurarle a alguien: "Quisiera ser como tú", sólo resultaría una frase retórica de vil sumisión, desterrada del feliz universo ese, sin normas.

Pero ¡oh desilusión!, la búsqueda de la igualdad y la trasgresión en el colorido universo de la diversidad sexual actual tiene sólo una cláusula que sus más devotos repiten como mantra: "Demoleré todos los paradigmas, los juicios y los clichés de los persignados y los conservadores", te dicen muy seriecitos, alistándose para marchar con banderas de arcoiris; "pero cuidadito me toquen a mi diosa: la única, la incomesurable Paulina... sí, la Rubio, nacida un 17 de junio de 1973 en el DF, hija de Susana Dosamantes...".

Y si no se tiene el tacto de detenerles el discurso a tiempo, te recitan toda la biografía y hasta te cantan, con voz bien puesta aquello de: "Lo haré por ti / porque lo siento, / porque tu me elevas como la hoja al viento...".

Ironías de la vida: después de 35 años de que la comunidad gay neoyorquina marchó por el efervescente barrio del Village para exigir amplio reconocimiento, justicia igualitaria y toda clase de libertades para su alternativa sexual; en cada celebración del Orgullo Gay, aún no se les puede sugerir que también destierren la idolatría por determinados cantantes, músicos y compositores de todos los géneros, capaces de hacerlos movilizar en masas (¿sabían ustedes que los boletos para el primer concierto del nuevo tour de Madonna, en los Angeles se terminaron en menos de tres horas?), con tal de que el objeto de su admiración sepa que a toda la "very gay people" la tienen siempre a sus pies.

Así que, en conmemoración de las más de tres décadas de "rebelión rosa" en el corazón del downtwon de Manhattan y la terca sumisión, por la vía auditiva y admirativa, de esta misma comunidad indómita por algunos nombres de la escena sonora, he aquí una lista de algunas de las "santas" y "santos" imprescindibles en los altares musicales de la cultura lésbico, gay, bisexual y transgénero (categorías que si no se nombran completitas, se arman los bolsazos):

Madonna (perdón, la "nueva" Esther de Ritchie)

Símbolo y figura, más allá de toda duda, de lo irreverente que pudo llegar a ser una chica en un mundo material y plástico a mitad de los 80, la antes sexualizada cantante y ahora devota practicante de la Cábala y madre de Lourdes y Roco, se ha coronado, desde hace casi tres décadas, como la representación absoluta del verdadero estilo gay al seguir interpretando, desde su Reinvention Tour, toda clase de banalidades, mientras baila el acrobático Vogue usando un dorado corsé, diseñado por Jean Paul Gaultier, enfrente de una extasiada y delirante multitud de adoradores.

Gloria Gaynor

No hay discoteque, bar o reunión de amigos que se declare oficialmente "fuera del clóset" sin que suene el himno "I Will Survive" que esta cantante, nacida en Nueva Jersey a finales de los 40, interpretaba con ánimo liberador allá por 1979, convirtiéndola en la voz oficial de la comunidad gay que, a pesar de que también se declaraba aficionada de otras voces femeninas de la época disco como Blondie y Donna Summer, y de que tenía en los cuatro Village People un fiel espejo, sigue declarando su supervivencia al unísono con la Gaynor.

Pet Shop Boys

Para muchos críticos musicales, el dueto de ingleses formado por Neil Tennant y Chris Lowe es ya un género en sí mismo, que desde hace 22 años ha enarbolado con desenfado los postulados de la comunidad gay de manera clara y directa: libertad, amor y hedonismo por partes iguales, envueltos en un irresistible tecno pop, apto para todos las géneros (desde las "West End Girls" hasta los "New York City Boy") y estados de ánimo (ternura a raudales en "Always on my Mind" o insólito desamor en "You Only Tell That You Love When You're Drunk").

Paulina Rubio

Acumulando cargos honoríficos por toda Latinoamérica como la auténtica reina latina de la comunidad gay (la última "coronación" fue en Chile, el mes pasado), gracias a que sus canciones son bailadas hasta el cansancio en todos los antros gay de habla hispana, la ex "chica dorada" ha sabido capitalizar su fama y su aguardientosa voz al servicio de una causa que la encuentra más auténtica y desenfadada que otras que también se han querido "coronar", como Alejandra Guzmán, Mónica Naranjo y Thalía ante esta comunidad.
Aún así, cuando el amanecer llega y se baja el volúmen de la música bailable, no hay parranda "alocada" que se respete que no termine con las canciones de la Lupe D'Alessio, Yuri, Daniela Romo, Marisela, Amanda Miguel, Rocío Durcal, Lucha Villa, Rosana y hasta Paquita la del Barrio; todas ellas señoras de la canción que sin necesidad de coronas, siguen ocupando lugares de honor en el imaginario lésbico-gay de este país.

Cher

No hay drag queen que se respete alrededor del mundo que no haya intentado emular, aunque sea una vez y con desiguales resultados, a la ex esposa de Sony Bono, cantando la de "Heart of Stone"; y si bien es cierto de que lleva como un año despidiéndose de sus 40 de carrera y que todavía le quedan como otros tantos meses de gira, su Farewell Tour es todo un homenaje al trasvestismo al cambiarse 12 veces de vestuario, con todo y pelucas que abarcan todas sus épocas y usando vestuarios muy entallados, con una velocidad y agilidad que hacen palidecer de envidia a la misma Britney Spears.

George Michael

Lidereando una legión de cantantes masculinos "emancipados", junto Elton John y Boy George, este inglés de 41 años todavía se da el lujo de cantar con inusual energía y mucha emoción, en su nuevo sencillo bailable "Flawless", extraído de su más nuevo Patience (2004), como si acabara de cumplir 20 años y fuera su primera vez en una discoteca gay.

Fangoria

En los días en que este dueto era un trío, junto a Carlos Berlanga, y se hacían llamar Alaska y Dinarama a finales de los 80, una de sus canciones, de letra trasgesora y tonada pegajosa, acabó convirtiéndose, primero para la comunidad gay española y luego de toda Latinoamérica en otro himno imprescindible a la hora de defender una forma de vida.

Desde entonces, gritar aquello de: "A quién le importa / lo que yo haga / a quién le importa lo que yo diga / yo soy así y así seguiré / y nunca cambiaré", ya sea cantada por la original voz de Alaska o en su versión descafeínada con Thalía, sigue siéndo más liberador que 20 horas de terapia con un psicoanalista caro y pretensioso.

 

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