Deportistas negros y deportistas gasy, modelos similares de marginación. 


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Historias de transexualidades en el deporte

La historia del deporte se ha visto en ocasiones salpicada por la valentía de transexuales nacidos hombres que han quebrantado tabús para competir como mujeres... 

La historia del deporte se ha visto en ocasiones salpicada por la valentía de transexuales nacidos hombres que han quebrantado tabús para competir como mujeres -la tenista Renée Richards es posiblemente el caso más ilustrativo- o por la picardía de varones que han disfrazado su masculinidad para obtener éxitos en las competiciones del sexo opuesto aprovechando su mayor potencia y fuerza física. El caso de Dora Ratjen, sin embargo, es inclasificable. Oculto en la polvareda del tiempo y del secreto de Estado, no corresponde a ninguno de ambos apartados, aunque bien pudiera pertenecer a cualquiera de los dos.

Poco se sabe de ella. Que nació el 20 de noviembre de 1918 en algún lugar de Alemania y que su primera aparición al máximo nivel competitivo tuvo lugar en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, una cita que debía ser la exaltación de la Alemania hitleriana, de la supremacía de la raza aria, y que acabó siendo el teatro en el que un soberbio negro de Alabama llamado Jesse Owens escenificó la demolición deportiva de los argumentos raciales del 'führer'. Dora tomó parte en la prueba de salto de altura y se quedó a las puertas del podio, cuarta, con una entonces respetable marca de 1,58 m.

Su eclosión llegó dos años más tarde, en el Campeonato de Europa celebrado en Viena en 1938. Ganó el oro y batió la plusmarca universal con unos entonces estratosféricos 1,70 metros. En aquella época no existía todavía el llamado 'control de sexo', pero los jueces detectaron algo extraño en ella y, tras examinarla y hallarle "órganos sexuales ambiguos" fue descalificada. No volvió a practicar deporte y, coincidiendo con el estallido de la II Guerra Mundial, desapareció del mapa y nada se supo de ella durante 17 años.

Reapareció en 1955. Trabajaba de camarero en un bar de Hamburgo y ya no se llamaba Dora, sino Hermann. Explicó que en su día había competido como mujer porque la obligaron a hacerlo así las Juventudes del Partido Nazi. Explicó que, durante tres años, le forzaron a hablar, vestir y comportarse como una mujer para poder engañar a las autoridades deportivas. Y dejó entrever que no había sido él/la único/a, que formaba parte de un surrealista entramado propagandístico.

Nunca se pudo demostrar nada de eso. No hay documentos que corroboren que los nazis reclutaran a varones de apariencia ambigua para formarlos personal y deportivamente como mujeres con el fin de obtener éxitos en competiciones internacionales. Y Dora/Hermann jamás se sometió a un reconocimiento médico lo suficientemente exhaustivo para determinar si realmente se trataba de un hombre o de un intersexual, una persona de sexo doble o ambiguo.

Tras sembrar la semilla de la polémica, Hermann volvió a desaparecer y la engulló el olvido. Pero su nombre masculino dejó un reguero de dudas. Hermann tiene un inquietante doble significado, según cómo se divida la palabra: Her/mann (ella/hombre) o Herm/mann ('herm', de hermafrodita/hombre). Cuál era exactamente su sexo, nunca lo sabremos

Los tres grupos de intersexuales

1. Pseudo-hermafroditas: Son individuos que tienen las glándulas genitales de un sexo, pero cuyos órganos genitales externos, así como las características sexuales secundarias (pechos o caderas anchas, en el caso femenino; vello facial y corporal o voz grave, en el caso masculino) corresponden al sexo contrario.

2. Hermafroditas autenticos: Son individuos que poseen, al tiempo, ovarios y testículos.

3. Disgenesia Gonadica: La padecen los individuos cuyos órganos genitales internos o externos son tan ambiguos que no puede precisarse su sexo sin un análisis genético

Los controles de sexo en el deporte

Aunque a los tramposos se les ha controlado desde los Juegos de la Grecia antigua -cuando se les 'cazaba' se les obligaba a comprar una estatua de bronce de Zeus y a inscribir en ella muestras de su arrepentimiento; luego se ubicaban en los aledaños del estadio para que todo el mundo lo viera- los controles de sexo no se establecieron hasta 1966, cuando un panel de médicos examinaba a simple vista a aquellas mujeres sospechosas de no serlo; a las que mostraban genitales anómalos se les impedía competir. En 1968 se estableció un test cromosomático, el llamado 'test de Barr', que en 1972 derivó en una prueba genética más perfeccionada. Todavía hoy se dan casos: en los JJ.OO. de Barcelona'92, de los 2.406 tests efectuados hubo cinco mujeres a las que se les impidió competir por ser genéticamente hombres (obviamente, amparadas por el anonimato). En Atlanta'96 el número de expulsadas ascendió a ocho

Tomado de CarlaAntonelli.com

 

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