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Respeto a nuestras
diferencias
María Eugenia Hassan
Somos
diferentes en lo personal. Cada uno de nosotros
ha sido formado con parámetros, consideraciones,
creencias y valores propios y diferentes al
resto de las personas aun cuando espiritualmente
estemos hechos de la misma naturaleza. Nuestras
diferencias personales nos separaran si nos
fijamos en ellas al momento de relacionarnos y
de convivir con la persona amada o con nuestro
entorno.
Hay personas
que desde el comienzo de cualquier relación ya
están pensando que pueden lograr cambiar
aquellas actitudes que le molestan de su futura
pareja, compañero de trabajo, amistad o de algún
familiar, una vez que se establece la
convivencia o el compartir se pasan la vida
queriendo cambiar o doblegar la forma de ser de
su pareja, casi siempre con la intención de
mejorar su condición de vida. Ciertamente
podemos aportar sugerencias positivas producto
de nuestra experiencia a la otra persona, pero
debemos aprender a respetar el proceso y el
tiempo que le tome asumir la información que le
dimos, para decidir si la incorpora o no. Ahora
bien, cuando nos convertimos en personas
perseguidoras del otro a través del sermón, la
crítica o el juicio constante, corremos el
riesgo de que esta actitud nos lleve a
distanciarnos, a enfriarnos y hasta crear un
resentimiento que nos impulse a agredirnos.
La agresividad
es un gran enemigo a vencer por todos. Y no
importa si la guardas dentro de ti o la dejas
escapar, sus consecuencias te hacen tanto daño a
ti como a los demás. La gente con un alto grado
de estrés reacciona muy fácilmente, se vuelven
personas hostiles que se violentan y reaccionan
muy fácilmente, su margen de tolerancia es casi
nulo. A pesar de las tensiones de la vida diaria
debemos aprender a controlar nuestra
agresividad, aprender a calmarnos para actuar
con responsabilidad en lugar de reaccionar. De
esta manera podremos manejar la situación y los
efectos que tiene sobre nosotros en lugar de que
la situación nos controle a nosotros. Reaccionar
a la injusticia es algo típicamente humano, pero
no podemos permitir que un problema ya existente
sirva para generar otro mucho más grave.
Oponerse agresivamente es una manera segura de
no llegar a ningún acuerdo.
¿Cómo
reaccionas cuando crees tener la razón y los
otros no se comportan de acuerdo a tus
expectativas? ¿Atacas o te contienes y te
amargas sin atreverte a decir nada? ¿O evalúas
la situación, tomas distancia y con buena
actitud y mucha comprensión tratas de
solucionarla? Es normal molestarse por la
injusticia, la viveza y la descortesía, pero
discutir por ello crea siempre más tensión y
puede empeorar la situación. Muchas veces
tenemos que relacionarnos con personas difíciles
que nos hacen sentir mal, es importante aprender
a relacionarnos con ellas sin dejarnos afectar.
La comprensión, la comunicación y la tolerancia
nos permitirán encontrar una solución. No es
inteligente dejarnos contagiar del mal humor o
la agresividad que puedan tener los demás,
debemos aprender a manejar las situaciones
difíciles con sabiduría, sin pelear, sin perder
los estribos para terminar agrediendo a los
demás. Todas las discusiones en donde nos
dejamos llevar más por la emoción que por la
razón, tienden a hacernos perder nuestra
tranquilidad, a cambiar nuestro humor, hacernos
perder el tiempo y usualmente a empeorar la
situación casi siempre en contra nuestra. Todo
proceso de cambio trae como consecuencia:
crisis, enfrentamientos, competencia, trampas,
confusión e inclusive agresión... pero al final
del proceso, las personas despiertan y toman
conciencia a través de su propia experiencia, de
cuál es su lugar y responsabilidad en el mundo.
Pensar que las cosas cambiarán por sí solas o
porque sentimos que merecemos que mejoren sin
que intervenga nuestra voluntad y esfuerzo, el
proceso puede ser muy equivocado, pues, sólo el
trabajo personal, disciplinado y responsable
traerá como consecuencia nuestra transformación
interna y por ende el cambio de las
circunstancias externas. Las situaciones siempre
cambian para dar paso a nuevas y mejores
circunstancias en tu vida. Es importante que
busquemos el balance, la equidad, de manera que
podamos vivir con más derechos y
responsabilidad. Rescatemos la confianza y el
aprecio por el ser humano, el valor y el
significado de la vida. Hagamos contacto con
nosotros mismos para querernos y valorarnos más,
para que podamos entregar lo mejor de cada uno
de nosotros al mundo, tú que lees estas líneas
en este momento, eres elegido para sonreír, para
perdonar, para vivir con amor, para dar sin
esperar recompensa alguna, para rociar el
perfume de reconocimiento y gratitud a tu
alrededor, para tener detalles, gestos y
palabras amables con todas las personas que te
rodean, para ayudar a conciliar las diferencias,
para llevar a otros la paz y para estimular al
mundo a vivir con compasión, conciencia,
responsabilidad y libertad.
LO QUE LAS
PERSONAS ESCONDEN
Cuantas veces
detrás de una cara sonriente se esconden
emociones, sentimientos o pensamientos negativos
y tristes que se han guardado a lo largo de toda
la vida y que todavía continúan estando ahí...
esperando por ser aceptados y liberados por cada
uno de nosotros en algún momento. Tal vez, tú
eres una de esas personas activas, fuertes de
carácter, que siempre tiene un comentario ligero
y positivo para los demás, pero que cuando
llegas a casa, al final del día, estableces
contacto con la soledad y te resientes porque te
recuerda un pasado no tan grato y las emociones
relacionadas con él. Sí, hoy te escribo a ti,
para recordarte la importancia que tiene el
aprender a liberar todas esas emociones para
sanar tu alma, de manera que toda esa fortaleza
y entusiasmo que derrochas hacia los demás
puedan también ser tuyos internamente.
¿Te sientes a
punto de estallar? Es posible que tu alma te
esté pidiendo a gritos hacer un alto en tu
camino para reflexionar y tomar la decisión de
liberarte de toda esa carga emocional. Quiero
recordarte que tú eres la persona más importante
de todas y que te mereces estar sana por dentro
y por fuera, independientemente de un pasado del
que no eres culpable. Es tiempo de recuperar la
plenitud de tu vida, sin prejuicios, sin culpa,
sin resentimiento, temores o consideraciones
negativas que pudieran ser el producto del
pasado.
No todo es
personal A veces las personas se convierten en
conflictivos a causa de su susceptibilidad.
Constantemente están a la defensiva, criticando
y juzgando a los demás por su comportamiento y
actitud hacia ellos. Seguramente que al
relacionarse con otros seres humanos la relación
se vuelve mas difícil y delicada y las personas
opten por alejarse, qué hace esto? aumenta el
malestar y reacción y reafirma el sentimiento de
abandono. Detrás de cada persona susceptible
muchas veces se esconde una persona insegura,
con baja estima, que vive pendiente de la
actitud, el comportamiento y hasta de los gestos
que tengan las demás personas en especial los
seres queridos, todo esto en busca de llenar la
necesidad de saberse aprobado por ellos. ¡No
puedes seguir viviendo de esta manera! Tienes
que mantener una actitud diferente que te
permita creer que nada te toca a ti
personalmente a menos que tú lo permitas. Cuando
estableces un límite amplio y firme entre tú
como individuo y todas las personas y las
situaciones que vives cada día, te será más
fácil experimentarlas sin afectarte por lo que
pase con ellas. Piensa que no tienen nada que
ver contigo, que son negocios, trabajo,
diferencias que se pueden reconciliar. Aprende a
vivir la vida suavemente, tomando lo mejor que
te ofrezca cada experiencia y desechando todo lo
negativo que puedas observar dentro de la misma
situación. Puedes elegir sentirte bien contigo
mismo, con lo que vives, con lo que tienes y con
las personas que te acompañan a vivir. No
dependas de la aprobación de los demás. Ten
confianza en tus capacidades, cualidades y
valores. No dependas de los factores externos.
Evita fijarte en lo que tienen o hacen las demás
personas. Cada vez que mueves tu cabeza para
fijarte en lo que tienen o hacen los demás, te
confundes y te afectas. Concentra tu atención en
lo que tienes y en lo que haces para conseguir
lo que quieres, de esta manera podrás reconocer
y disfrutar de tus logros aun cuando te parezcan
pequeños. Crea tu propio mundo. Rodéate de las
cosas que te hacen sentir bien, deja de esperar
tanto de las otras personas, concéntrate en
aceptarte, valorarte y quererte mucho, de esta
manera te sentirás más a gusto con quien eres y
con la vida que tienes.
¿PODEMOS
CAMBIAR A OTROS?
En estos días
recibí un correo de un lector y me contaba:
Tengo un amigo del que todos abusan, es tan
bueno que no puede decir que no, por esta razón
ha perdido mucho dinero y bienestar. He tratado
de ayudarlo a cambiar y no he conseguido nada,
es muy terco. Pasa el tiempo y le siguen
sucediendo las mismas cosas ¿Cómo puedo
ayudarlo? Te pregunto a ti que lees estas
líneas: ¿Cuántas veces has querido cambiar el
comportamiento, la actitud o las decisiones de
otra persona? ¿En cuantos momentos te has
sentido frustrado al intentarlo y no conseguir
ningún resultado? ¿Te has sentido alguna vez
así? Es tiempo de hacer juntos una reflexión al
respecto... ¿Podemos realmente nosotros cambiar
el comportamiento de otra persona? Yo creo que
no. Lo que sí podemos hacer es influir en ellos
con nuestros comentarios y buenos sentimientos
para que ellos reflexionen y consideren la
posibilidad de tomar en cuenta y analizar
nuestra propuesta, aun cuando la decisión final
siempre sea de ellos.
Es el momento
de recordar que no somos perfectos, todos
tenemos una serie de cualidades que tenemos que
aprender a reforzar y a usar y unas limitaciones
que tenemos que aprender a aceptar y a superar.
Todos los procesos de cambio son individuales y
sólo podemos hacerlo a través de nuestra
voluntad y trabajo personal.
PENSAMIENTO:
Nuestra
tranquilidad y bienestar no dependen de las
circunstancias que nos rodean, sino de como nos
afectan cuando reaccionamos ante ellas.
María
Eugenia Hassan
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