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Si no tuvieras miedo
¿cambiarías?
María Eugenia Hassan
Cambiar puede significar sencillamente tener
otra relación en la misma situación o con la
misma persona. Siempre la última decisión la
tienes en tus manos, eres libre de elegir tu
actitud ante los acontecimientos de tu vida.
Entonces, el cambio implica el paso de un estado
conocido a otro desconocido, y la incertidumbre
que esto genera produce un aumento de
inseguridad y por ende miedo o paralización.
NECESIDAD
DEL CAMBIO
Para crecer
como personas, para madurar, para mantener un
equilibrio emocional que nos permita responder a
las exigencias del entorno, hemos de cambiar
permanentemente. No podemos quedarnos estancados
ni decretar "soy así, qué le vamos a hacer", si
sabes o percibes que un cambio te permitiría ser
más coherente, más eficaz y más feliz. Tu
historia personal demuestra que como ente
pensante y sensible que eres, cambias y
evolucionas cada día. Y esa es una de las
emociones que te ofrece la vida: comprobar cómo
te vas adaptando, cómo vas interactuando con tu
entorno. Cada nueva situación exige una
respuesta específica que debes extraer de tu
interior tras remover, intuitiva o
conscientemente, tu experiencia y manera de
pensar tras recibir la influencia de quienes te
quieren y rodean. La mejor manera de reforzar tu
identidad, de crear una personalidad dinámica y
fuerte es permanecer abierto a las señales del
exterior y dentro de ti, respondiendo en cada
momento del modo más adecuado. Se trata de tomar
el timón de tu barco, de pilotarlo hacia donde
quieras y puedas, y no hacia donde te lleva la
corriente o un mapa obsoleto que no incluye la
información necesaria para una navegación
óptima.
CAMBIOS SIN
CRISIS
Las
transformaciones físicas e importantes que se
producen a lo largo de los años deben asumirse
con naturalidad y sin angustias. Es curioso
observar cómo a lo largo de la vida los cambios
en nuestra forma de ser se producen sin darnos
cuenta. Modificamos el carácter como reacción a
determinados acontecimientos y no como resultado
de una planificación voluntaria. Se vive, pero
se revisa poco la vida, tal vez llevados por la
creencia errónea de que la personalidad no
cambia. "Uno es así, y ya está", suele decirse.
Sin embargo, se puede cambiar para mejorar uno
mismo y para mejorar las relaciones con los
otros. En definitiva, se pueden revisar los
patrones de conducta y conformar el carácter más
cercano al gusto propio. Además, se quiera o no,
en el propio crecimiento personal aparecen
necesidades que antes no existían, y esto
impulsa a la persona a efectuar modificaciones
en su manera de vivir. Esta necesidad se conoce
como crisis, una idea a la que se le asigna de
manera habitual un significado negativo porque
define una fase en la que la persona experimenta
un nivel de angustia mayor de lo normal.
HÁBITOS O
PATRONES DE CONDUCTA
Los hábitos se
desarrollan a medida que vivimos y establecemos
las formas predeterminadas de actuar en una
situación. Esto es así porque tendemos a repetir
las conductas que en ocasiones anteriores nos
han dado buenos resultados o, por lo menos, nos
permiten conocer con certeza qué vamos a
obtener. En la conformación de esas pautas de
comportamiento estamos influidos por las
características de nuestra personalidad. Por
tanto, en cierta medida, seguimos el dictado de
una tendencia innata e involuntaria. Pero sólo
en cierta medida, debido a que con el paso del
tiempo las conductas se arraigan a fuerza de
practicarlas. Por eso conviene revisarlas y, si
fuera necesario, reformarlas. No siempre resulta
fácil, pero a veces no queda más remedio, sobre
todo si queremos librarnos de lo que representa
un obstáculo para hacer real la posibilidad de
ser más felices. Las necesidades de las personas
van transformándose a medida que van recorriendo
las etapas del desarrollo personal, que no
siempre se corresponden con los cambios físicos
que experimenta el cuerpo, pero sí con la
llegada de una nueva etapa en la que se
presentan nuevas exigencias. No importa cuál sea
la situación que vivas. Cuando toca crecer,
toca.
CAMBIAR PARA
SER MÁS NOSOTROS MISMOS
No podemos
quedarnos estancados si sabemos que un cambio
nos permitiría ser más coherentes, más eficaces
y más felices. Bien como respuesta a
circunstancias externas, bien por reflexiones
vinculadas a nuestra evolución personal, en
ocasiones nos planteamos la necesidad de tomar
decisiones que suponen cambios drásticos en
nuestra manera de pensar o actuar. Somos seres
de costumbres y tendemos a responder del mismo
modo ante estímulos similares, pero a la vez
tenemos capacidad para reaccionar de modo
distinto al habitual, ya sea porque el entorno
nos exige en ese momento respuestas distintas
(más adecuadas a la situación o más conformes a
nuestra manera de ver las cosas), ya porque
queremos mejorar como personas y ser más
felices. Los cambios surgen normalmente cuando
sobrevienen circunstancias distintas de las
habituales, porque son las que con mayor
probabilidad pueden conducirnos a la necesidad
de plantearnos una modificación de nuestro
patrón de conducta. Una conversación sincera y
dolorosa con un amigo de toda la vida, la
ruptura de una larga relación de pareja, el
nacimiento de un hijo, un proceso introspectivo
que nos confirma la necesidad de cambiar, el
traslado a otro país o ciudad, los hijos que se
van de casa, la primera experiencia laboral, una
enfermedad, la jubilación... son muchos los
factores que favorecen que pongamos en cuestión
algunas de nuestras convicciones o costumbres.
Para poder cambiar nuestra situación tenemos que
transformar nuestra conducta, y es preciso ser
sincero con uno mismo para variar el rumbo.
Podemos imaginar que se vacía la maleta con la
que cargamos en el caminar de la vida, se quita
aquello que pesa, pero que no es necesario, y
así se puede seguir caminando y se puede llenar
de nuevo.
APROVECHAR
LAS CRISIS SIGNIFICA REVISAR LA VIDA
Cuando se trata
de cambiar hábitos, es necesario distinguir
entre lo que constituye parte de la estructura
de tu personalidad (y, por lo tanto,
difícilmente modificable) y lo que sí se puede
cambiar. Sé consciente de que mientras no se
produzcan los cambios te seguirán ocurriendo las
mismas cosas que hasta ahora. Uno de los
factores más importantes para poder asumir la
transformación es la sinceridad contigo mismo(a).
Tiene que llegar un momento en que dejes de lado
la tendencia a autoengañarte para no complicarte
la vida. Es preciso analizar cada una de tus
creencias que se han ido instalando en tu vida y
determina cuáles te favorecen o perjudican.
CAMBIAR
DEPENDE DE TI
Tu vida y tu
personalidad la vas construyendo cada día, y un
asunto tan esencial no puedes dejarlo en manos
del azar ni de la voluntad de otras personas.
Reflexiona sobre lo que no "te llena" respecto a
cómo eres. Escribe una lista de cosas a mejorar,
comenzando por las importantes. Permanece
atento(a) a lo que te pasa. Cada situación
requiere una respuesta específica; cada deseo y
cada sueño, también. Analiza las situaciones
nuevas y observa las ventajas e inconvenientes
de las decisiones que puedes tomar. Una vez
meditada suficientemente la decisión, si decides
cambiar, hazlo. Escucha a quienes se oponen,
pero decide en libertad. El miedo al cambio
siempre está presente: Presta atención a los
pensamientos constructivos y positivos, no a los
negativos.
PENSAMIENTO:
Seamos conscientes de que mientras no se
produzcan los cambios, nos seguirán ocurriendo
las misma cosas que hasta ahora en todos los
aspectos de nuestra vida personal, profesional y
social.
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