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Cómo ser feliz y no
morir en el intento (Parte I)
María
Eugenia Hassan
Conductas te invita a reflexionar sobre tu
conducta ante la vida que llevas y encontrar
dentro de ti esa satisfacción personal y
profesional que buscas a tu alrededor y resulta
que tienes la inmensa dicha de tenerla dentro de
ti. Fíjate algo, la vida es una combinación de
buenos y malos momentos, y la felicidad no es
más que la suma de buenos momentos y debemos
aprender a propiciar cada vez más buenos
momentos para ser más felices.
Este es uno de
los motivos que apasiona a nuestro entrevistado,
el doctor Juan Carlos Branger, médico cirujano,
psicoterapeuta de parejas.
El doctor
Branger tiene una maestría en Ciencias, mención
Orientación de la Conducta; y actualmente es
coordinador nacional de apoyo psicosocial de la
Cruz Roja Venezolana. Es el coordinador del
Instituto de Salud Mental del Centro de
Extensión de la Universidad José Antonio Páez.
Ha sido profesor universitario. Creador y
facilitador de la Gerencia Emocional.
Conversamos con él sobre este tema de gran valor
para todo aquel que desee vivir feliz.
María
Eugenia Hassan: Juan Carlos, tú escribiste
un ensayo sobre "Cómo ser feliz y no morir en el
intento", entonces ¿Cómo podemos aprender a ser
felices y no morir en el intento?
Juan Carlos
Branger: Es una pregunta tanto interesante
como retórica, pero muy real y tal vez para
algunos un poco cruda.
M E H:
¿Por qué?
JCB:
Porque es verdad que podemos morir, dejar de
existir, perecer, desaparecer, estirar la pata,
quedarnos en el sitio, pasar al otro lado y
todos los aforismos que se les ocurra, por el
solo hecho de intentar buscar nuestra propia
felicidad. Verás, la felicidad es una idea, un
concepto muy personal que cada ser humano tiene,
basado en lo que aprendió qué era la felicidad,
lo que le dijeron, lo que adquirió con los años
en el pasar del tiempo. La felicidad en nuestro
camino por la vida ha tomado muchas formas,
caras, nombres, escenarios. Para algunos la
felicidad significa tener a una mujer u hombre
al lado que le ame; para otros, la felicidad es
tener un trabajo productivo y que le guste, una
casa cómoda, tener salud tanto física como
mental, estar en paz con Dios (cualquiera que
sea la forma en que le concibas), es decir,
felicidad tiene muchas formas como humanos
existen en el mundo.
MEH:
Imagínate, cada cabeza es un mundo y por ende
son muchas conductas y maneras de pensar
diferentes, ¿Cómo profundizaríamos más en la
felicidad?
JCB: Si
nos vamos a la raíz de la palabra y la
desglosamos, etimológicamente hablando, nos
encontramos con dos orígenes de la misma
palabra, uno griego y otro latino. La palabra
felicidad en su origen griego es eudaimonía,
donde eu significa bueno, bien; y daimonia
significa espíritu, espiritual. Esto nos lleva a
entender que para la Grecia antigua, la palabra
eudaimonía significaba alguien que llevaba buen
espíritu, buen ánimo, felicidad en su vida. Los
griegos podían relacionar la palabra daimonía
con espíritu bueno o maligno. Si era asociada la
palabra con algo maligno, entonces derivaba el
nombre demonio (Daimonia), de lo contrario
significaría lo anteriormente expuesto. Ahora
bien, esta asociación maligna, que se le podía
dar a alguien, está relacionada directamente con
conductas extrañas que no podían ser explicadas
por los griegos antiguos por otra forma que no
fuera lo místico-religioso. Si alguien reía solo
en una esquina, sin explicación aparente alguna
para los observadores, entonces se le asociaba a
conductas malignas por lo que en su lenguaje
antiguo esta persona era señalada como
endemoniada.
MEH:
¿Cómo te inspiraste para realizar el ensayo
sobre la felicidad y no morir en el intento?
JCB:
Mientras leía, investigaba, entrevistaba a mis
pacientes y juntaba la información que me
llevaría a escribir este ensayo sobre el "Cómo
ser feliz y no morir en el intento" recordaba
ese ejemplo y comprendía a los griegos en la
antigüedad. La felicidad con el tiempo ha sido
satanizada, endemoniada, al punto de generar
creencias y programas mentales dedicados a
sabotear nuestros momentos más felices. Nunca
falta alguien que te escuche reír a carcajadas y
exprese: "Ujum, el que mucho se ríe es porque va
a llorar después"; generando casi un sentimiento
de culpa por haber expresado una de las
emociones más sanas y liberadoras del ser humano
como lo es la alegría. Es probable que usted no
sea una de esas personas, pero le aseguro que en
algún momento de su vida se sintió atado,
inhibido o indeciso en si expresaba o no su
estado de alegría, auténtico y dentro de
contexto por supuesto. No podemos entrar en el
tema de los que se ríen del dolor ajeno o se
alegran del fracaso del otro, eso sería tema
para otro ensayo bajo el título: "Trastornos
antisociales, un mundo de antivalores modernos".
Pero existen momentos en nuestra vida donde la
felicidad es la protagonista y hemos creado
miles de formas de saboteárnosla, llegando al
punto de aprender a sentirla a través de estados
artificiales que nos brindan las conductas
adictivas.
MEH:
¿Será que está de moda ser felices
superficialmente?
JCB:
Particularmente pienso que la vida está
compuesta de buenos y malos momentos, que la
felicidad es la suma de buenos momentos y
debemos aprender a propiciar cada vez más buenos
momentos para ser más felices. (Concepto que
aprendí de mi esposa). Pareciera que la realidad
es otra. Pareciera que existimos en un mundo
donde los buenos momentos sólo pueden ser
comprados o negociados (a un muy alto precio
generalmente) y los malos momentos están de
moda. Las veces que nos quejamos, amargamos,
peleamos o discutimos al día quintuplican a las
veces que sonreímos, agradecemos, cedemos o
transamos en un ganar–ganar.
MEH: Es
familiar utilizar o escuchar frases como "para
ser alguien en la vida hay que trabajar muy
duro", "es mejor malo conocido que bueno por
conocer", "para ser feliz hay que sufrir mucho
primero" explícanos este paradigma.
JCB:
Cuánto tiempo pasará antes de descubrir que la
felicidad no está afuera sino dentro de
nosotros. Lo hemos leído incluso en Internet, en
cuentos infantiles, en pensamientos enmarcados
en la pared de alguna oficina o consultorio
médico y aún así seguimos buscando la felicidad
en una pareja, en un negocio, en un día de Sol,
en vacaciones, en una noche de rumba, en un
trago, en una aspirada, en el poder comprar el
último equipo electrónico de moda o simplemente
en la soledad. Pareciera que tendremos que
sufrir realmente para poder descubrir a la
felicidad. Pero la felicidad es una decisión, es
un estado mental, es una elección personal
diaria al abrir nuestros ojos en la mañana. ¿Y
entonces? ¿Sufrimos para ser felices? O ¿Somos
felices para dejar de sufrir? Cualquiera que sea
tu decisión recuerda siempre que será tu
decisión y de nadie más.
Para ser feliz
hay que ser libres, para ser libres hay que ser
responsables.
Bernard Shaw
dijo una vez: "Libertad conlleva
responsabilidad, por eso no todo el mundo la
persigue".
MEH:
¿Crees que logramos la felicidad a través del
dolor, el sufrimiento y el drama?
JCB: La
felicidad también conlleva responsabilidad
porque la felicidad es libre. Cuando asumimos
nuestras responsabilidades en la vida, somos
libres y al sentirnos libres comenzamos a darnos
el permiso de ser felices. Mientras seamos
presos de nuestros miedos (miedo a perder la
pareja, miedo a perder el trabajo, miedo a ser
rechazado, miedo a la muerte, miedo a la vida),
mientras continuemos presos de nuestras
limitaciones, miedos y programas mentales
basura, entonces será difícil descubrir lo que
podemos hacer para ser felices. El dolor nos
recuerda que estamos vivos y nos lleva a tiempo
a chequear si algo no anda bien en nuestro
cuerpo. Es un sistema de protección y alerta que
nos mantiene informados de nuestro estado de
bienestar o malestar. El sentir dolor, sea
físico o emocional, sea causado por una fractura
o por una ruptura de una relación amorosa, es
una forma de poder tener el punto de referencia
de lo que significa estar sanos o felices. El
dolor cumple con la función de recordarnos que
estamos vivos, que funcionábamos bien, que
estábamos sanos, que amábamos o éramos amados de
una manera especial, aunque sólo lo sepamos o
demos cuenta justo cuando aparece el dolor.
Muchas veces hemos sido felices en nuestra vida
y no lo sabíamos. Hay momentos en que pareciera
que el ser humano necesitara buscar el dolor
para poder convencerse de que es feliz y esa
conducta nos ha llevado a generar algo que
debería quedar en las tablas del teatro y no
debería ser parte tan fundamental de nuestra
vida de relación, como lo es el drama.
Personalmente pienso y lo digo con respeto y
mucha responsabilidad, que el venezolano tiene
un gen dramático en su mapa genético. El gen
dramático del venezolano ha generado millones de
momentos de infelicidad, por el simple y llano
hecho de que "necesitamos llorar, sufrir,
fracasar para poder justificar el esfuerzo de
vivir". Debemos tener mucho cuidado con esto
porque no hay nada más alejado de la asertividad
que el drama. Un ser triste, deprimido, lloroso
en una casa es un imán para todo el que llega,
quien sin perder más tiempo abraza y en voz de
sufrimiento pregunta ¿Qué pasó? ¿Qué tienes?
¿Necesitas algo? ¡Cuéntamelo todo! Y ya son dos
los que sufren y lloran con la historia
desdichada del que triste busca consuelo en el
llanto y el dolor de la otra persona. Si a esta
escena le sumamos el guión de nuestras novelas,
creo que ya se pueden imaginar la historia. Con
todo y que tengo un tío actor de telenovelas, a
quien admiro, respeto y quiero profundamente,
debo hacer un llamado de atención a los
guionistas porque ¡el drama es una cosa como
género literario y el absurdo es otra!
MEH: ¿Se
imagina usted que el drama que viven los
protagonistas de nuestras telenovelas tuviéramos
que vivirlo nosotros en la vida real?
JCB:
Habría suicidios masivos semanales, los índices
de homicidios serían comparables con el de las
grandes metrópolis del mundo, la automedicación
de psicofármacos haría millonarias a las
farmacias y laboratorios y las conductas
adictivas serían fisiológicas y socialmente
aceptadas. Pero esto no sucede así. La realidad
es otra. Sí existe drama en las relaciones de
pareja, pero también existe asertividad algunas
veces, momentos románticos, rupturas que generan
una experiencia más en nuestro haber y la
psicoterapia de parejas devela la psicodinamia
que vivimos diariamente respecto al tema y les
puedo decir que no es tan oscura, retorcida o
maquiavélica como lo vemos a diario en la
dramática ficción de nuestras telenovelas. No
quiero hacerles una guerra, quiero llamar la
atención a incluir en ellas discusiones útiles
entre los personajes, donde se hable de aborto,
del amor sano, de la familia unida, de la
felicidad como un derecho, de la posibilidad de
una justicia social sana; donde se hable de
homosexualidad sin juicios, de las visiones de
las diferentes religiones ante el tema del sexo
prematrimonial o del embarazo en las
adolescentes. No estoy en contra de la
telenovela, sólo pido incluir una visión del
mundo más positiva. Lo que pasa es que lo que
vende es sexo, violencia, sufrimiento y muerte.
¡Ojo, vende porque así nos lo enseñó la
historia, no porque así seamos! La felicidad es
posible cuando comenzamos a cambiar nuestro
propio guión de vida. Al elegir ser felices le
damos cabida a la sonrisa diaria, a estar más
relajados, a asumir nuestros escenarios con
mayor entereza y asertividad y comunicarnos de
manera más sana con nuestra familia, compañeros
de trabajo, del colegio, de la vida. Como bien
dijo Goethe: "Se puede ser feliz sin exigirle a
los demás que estén de acuerdo con uno".
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