Ahora que los
sectores políticos, sociales y culturales de
nuestro país hablan de la comunidad gay, lo
hacen con el afán de establecer si la
sociedad en general, concede el privilegio
de acceder al matrimonio o se los debe
negar. Para algunos será un tema
irrelevante, para muchos un tema que desata
encendidas pasiones. Al fin de cuentas, la
institución creada para el efecto es
producto de una sociedad heterosexual. Por
lo que muchos piensan que deben ser los
heterosexuales los que deben decidir si se
les concede o no. El asunto toma cierto
interés debido al incesante llamado en
algunos medios noticiosos sobre un posible
matrimonio gay en una iglesia católica. El
cual obviamente es parte de una campaña que
realiza una organización gay para mantener
el tema en la agenda guatemalteca.
Para alegría
de quienes están preocupados por el tema,
creo importante mencionar que la tal boda,
probablemente no es en este momento una
prioridad para muchos gays.
Con esto no
quiero desmeritar el interés de la comunidad
gay porque un día logremos el reconocimiento
de nuestros derechos básicos. Porque en lo
que concierne a nuestras relaciones de
pareja, nosotros no podemos (entre otras
cosas) ser herederos legítimos de nuestra
pareja fallecida, no podemos tomar
decisiones por el otro en situaciones
extremas de salud y tampoco tenemos derecho
a recibir pensiones. Además que también se
nos niega el derecho al trabajo por razón de
nuestra identidad, el derecho a la paz, a la
educación, a la salud, a no ser
discriminados y tantos otros. Siendo el
Estado, uno de los primeros violadores de
estos.
De acuerdo a
la Línea de base del Fondo Mundial (2004)
que elaboró Visión Mundial, el 18.7 % de los
hombres que tienen sexo con hombres vive
con VIH en el país. Casi uno de cada cinco.
A esto se debe agregar que de acuerdo al
ultimo informe sobre medición del gasto
público, elaborado por el Programa Nacional
del SIDA, (presentado a ONGs, en julio
pasado), de los 21 millones de Dólares que
se invirtieron en VIH y SIDA en el país en
el 2005, solamente se gastaron 50 mil
Dólares en esta comunidad. A pesar de ser la
más afectada por esta epidemia.
La
indiferencia del sector salud es tal que a
pesar de la alta prevalencia en VIH para
esta población, el informe de Acceso
Universal del Gobierno de Guatemala
presentado en la ONU a mediados de 2006,
solamente reporta alrededor de 25 personas
gays atendidas en los centros de salud de
todo el País. Nadie más lo reporta. Los gays
no son estadísticas en esta nación. Será
entonces para esta población marcada por el
estigma, la discriminación y el VIH, casarse
en una iglesia católica, un asunto de máxima
prioridad? No lo creo.
Recientemente
tuve la oportunidad de apoyar
voluntariamente al Colectivo Amigos Contra
el SIDA en un taller para gays y
transgeneros de los departamentos de
Retalhuleu, San Marcos y Quetzaltenango. Fue
una experiencia inolvidable. Con un grupo
aproximado de 25 gays. Gente humilde. Con un
intervalo de edad entre los 16 y los 35 años
de edad. Más de la mitad de ellos viven
con VIH, más de la mitad están desempleados,
más de la mitad son analfabetos. Todo son
pobres.
Obviamente a
nadie extrañará que en Guatemala, haya gays
analfabetas. Porque también lo hay
indígenas, mujeres, ladinos. Pero la
diferencia es que para el resto de la
población si hay programas específicos. En
este país a nadie le importa si los gays
saben leer y escribir, como tampoco les
importa si vive con VIH o si no. Tanto así
que hasta las autoridades de salud han
escondido la verdad sobre el SIDA y a fuerza
de fustigar las estadísticas están logrando
feminizar la epidemia, porque los niños y
mujeres llaman más a la conmiseración de la
opinión pública, que los transgeneros y
gays.
A su vez,
tampoco será noticia en los medios de prensa
que muchos hombres que tienen sexo con
hombres, no sepan leer y escribir. Por
cuanto las únicas noticias novedosas sobre
ellos, son las relacionadas sobre una
supuesta boda (a la que nadie de los gays a
sido invitado) o las relaciones sexuales que
en vía publica tienen estos “depravados”.
Acá en
Guatemala, los incipientes grupos
organizados de la comunidad gay, apenas si
tienen el espacio para decir existo, mucho
menos para llamar la atención de la
cooperacion externa y mucho menos del
gobierno sobre el drama que viven miles de
hombres gays en el país.
El no
considerar estos aspectos, no ayudará a
detener la epidemia en el grupo mas afectado
en el país. Tampoco ayudará si seguimos
negando que el grupo mas afectado son los
gays con una prevalencia 18 veces mayor que
la de la población en general.
Pensar que los
gays solamente necesitamos una iglesia para
consumar nuestras relaciones de pareja es
tener una visión miope de nuestra realidad.
También lo es el pensar en que nos reunimos
solamente para elegir reinas de nuestra
comunidad. En este instante, necesitamos
urgentemente asegurar programas de
prevención para todos, acceso a medicamentos
para todos, educación para todos y trabajo
para todos.
No es lo mismo
un heterosexual analfabeta que un gay
analfabeta, porque la discriminación es
mayor para el segundo. Como consecuencia las
oportunidades son menores para el. Aca en
Guatemala solamente hablamos de pobreza en
las mujeres y en el sector indígena, pero
habemos otros grupos que aun no existimos ni
en los borradores de las agendas sociales.
El precio de
la indiferencia de nuestra sociedad ya ha
sido pagado bastante alto, con las vidas de
miles de gays a causa del SIDA, de los
crimines de odio y a la falta de
oportunidades que tenemos solamente por ser
diferentes.
Debemos luchar
porque se nos incluya en la agenda social.
Debe salir a luz nuestra difícil realidad y
debemos enseñarles a los demás, que la
comunidad gay, tiene necesidades mucho mas
importantes que andar consagrando sus
relaciones frente un altar.